Desde que el ser humano era nómada, necesitó algo para transportar lo que recogía en su caminar. Para Lina Góngora, el morral nació de una necesidad práctica durante sus primeros recorridos, un costal de fique con agarraderas cargado a la espalda. Con el tiempo lo elaboró a mano en lona resistente y antifluido, y comenzó a intervenirlo con dibujos realizados directamente sobre el material con marcadores permanentes, convirtiéndolo en obra en sí mismo.
Hoy el morral trashumante se elabora en súper nylon antifluido, material que permite sublimar sus propios dibujos sobre la tela, convirtiendo cada pieza en un archivo visual que lleva consigo la memoria de todos los caminos recorridos.


